En los días de después al día después...
El día después a estar con él es casi más incierto que el momento anterior a su siempre sorpresiva aparición.
Lo digo con bastante conocimiento de causa; de hecho, hoy puede ser un buen ejemplo de ese “día después” y ayer, o mejor dicho, las últimas dos semanas, pueden ser mejor ejemplo de esos momentos margarita…¿vendrá?... ¿no vendrá?...
Y le costó, pero al final vino. Tarde (eran las 3 de la mañana), pero llegó.
Y llegó tarde y se fue demasiado temprano… pero entre esa hora de venida y de salida, me sobraron todos los momentos de pre- y post- ofuscamiento.
Entró por la puerta, igual que entra un torero en la plaza, y con esa chulería característica, supó discriminar el segundo perfecto en que envestirme con un beso inesperado, y nuevamente hechizarme y escuchar su melodía. Pero fue demasiado poco, al menos para mi.
Qué cierto es, que el tiempo vuela cuando se está tan a gusto…Pero qué malo es ese día después, y esos momentos en que le quisiera solicitar de una u otra manera, y me enrabietan sus no respuestas.
Hoy es otro día después... miedo me da sumarlos...prefiero volverme loca a plantearme que lo que viví otra vez anoche no fue más que un sueño perfecto, que quedó sólo en eso: en un sueño.
Hoy, después de otra noche inédita más, sé qué es lo que tiene para mi.
Sé que ésto está destinado a ser el mismo juego (sólo para él) a repetir, y que volverá a escribir en mi calendario el mismo estribillo, más la incógnita quedará en el número de “bis”…
IZAIA

